
Jose Aurelio Martín
Lunes
Sabes, antes de poner un pie en el mundo, que la oreja se te va a llenar de mierda, que te va a salpicar todo el fango que los partidos más estridentes (trumpistas, es decir, sinracionales) centrifugan todos los días, a cada momento, en los medios y, sobre todo, en las redes, que son los nuevos medios de comunicación de masas.
Cuando oigo lo de masas, siempre pienso en la masa trabada que hace mi madre para las croquetas. Es increíble que algo tan viscoso e informe se vuelva delicia cuando se individualiza en una croqueta. En masa los seres humanos somos un pegote, luego como croquetas pues hay de todo, excelentes y de quinta gama (ya sé que quinta gama no es necesariamente una basura).
El asunto que me urge es combatir el fango, salir del estercolero y bracear en aire puro y azul. Veo como un gigantesco movimiento desde hace 30 años hacia las sentinas de la sinrazón. Es decir, estos discursos estercolados son inmunes a la razón porque son construcciones salidas de los quicios de la lógica y la configuración del mundo tal cual lo conocemos.
Martes
Me imagino, en las duermevelas largas en las que me atrapo, un debate con la mayor representante del trumpismo en España, la malhadada presidente Ayuso, Isabel.
Buenas, presidente Ayuso, ¿ha ido a misa?, como regente de la Comunidad de empresarios que despluman Madrid a lo mejor no ha tenido tiempo, pero debería, es una actividad propia de su clase: putas, cocaína, misa y votar, eso configura la derecha española, no sé si usted irá a putas, o a putos, pero cambie putas por áticos y verá que la fórmula sigue funcionando.
Moderador, no admito los insultos de este señor, que niega incluso mi condición de mujer.
No se preocupe, señore, que la “e” de presidente y regente, es por el asunto queer, porque yo sé que usted, tan moderna, tan amiga de Alaska y Vaquerizo, se embadurna de modernidad para acercarse a ese espectro social que es de ultraderechas pero moderna porque lleva tatus y le gusta Leiva. Así que tranquile, lo que noto hoy es que no ha pasado por vicaría, ¿vicaría?, sí por la ducha, ese coleta denuncia que no se ha duchado, quizá porque tenía que tomarse dos copas de brandy…
Intolerable, me voy, me está insultando a la cara, aquí, en directo.
Pues claro que le estoy insultando, presidente, claro, y todavía me quedan cosas. Afortunadamente no soy anciano todavía y no me puede meter en un moridero porque, total, voy a morir igual. Hágame caso, 7291 viejos es una cifra muy descabalada, redondee hasta 7300, o si me apura y se ve con fuerza, a 8000, o venga, por qué, no, seamos fantasiosos, a 10000.
Me voy, no me siento con fascistas como este señor que solo sabe insultar.
Váyase, váyase, porque este discurso no admite réplicas y gracias por llamarme fascista, al fin alguien lo dice con claridad, gracias y a mucho honor y honra de los fascistas que me precedieron y que menearon a las masas en el siglo pasado. Váyase, hdlgp, y no me diga que no le gusta la fruta porque no me lo creo.
Me ha llamado hija de la gran puta.
Perdón, la gente lo está oyendo, he dicho hachedeelegepe. Esta señore se está inventando en directo palabras que yo no he dicho.
Eso significa hija de la gran puta.
¿Qué pasa que ya no te gusta la fruta?
Adiós.
Estas son mis fantasías en la cama, en la noche profunda, cuando mi sueño bifásico de pastor me despierta a las 4 de la mañana.
Perdonadme la barrabasada.
Luego la cosa sigue, tiene una coda. En el último minuto que los candidatos tienen para dirigirse a los electores, la cosa se arregla.
Buenas noches, electores, me sobra la mitad del tiempo, lo que yo he hecho hoy aquí es, justamente, lo que no hay que hacer. Destruir podemos todos, porque todos podemos insultar y faltar al respeto y a la verdad. Todos podemos hacerlo. Que algunos lo hagan no quiere decir que tengan razón, al revés, siembran la sin razón, y eso conduce, por lógica interna, a resolver las cosas sin palabras, es decir, a hostias, por la fuerza. El final del camino de la sinrazón es la guerra, no hay otra. Cuando los políticos nos dirigimos a las tripas y no a la razón del ciudadano lo que sale es estiércol. Mierda, porque en las tripas lo único que se cría es mierda pura. Todos podemos hacerlo como yo he hecho hoy aquí para demostrar que podemos, y que si no lo hacemos es porque no queremos enfangar, propiciar el cultivo adecuado para que, en breve, si esto no cambia, el cultivo de mierda haga digerible la violencia, la eliminación física del contrario. Así que, no me voten si no quieren, solo eviten la mierda para no verse un día con las manos llenas de sangre…
Se le acabó el minuto, muchas gracias.
Perdón, siento la fantasía, pero la (mala) literatura también admite la fantasía. Y estas líneas son sobre todo eso, mala literatura.
Miércoles
Recordemos el ejemplo de la rana, archiconocido y citadísimo, tanto, que ya no excita. Una rana si la metes en una olla con el agua hirviendo, muere. Del susto. Ahora, si tú vas aumentando el calor progresivamente, apenas se dará cuenta, incluso cuando muera. ¿En qué punto de ebullición nos encontramos las ranas dentro de la olla de la realidad? Quizá punto 7 de 10. ¿No?
Miguel Maura, el 25 de junio de 1936, a pocos días del golpe de Estado del 18 de julio, dice en un artículo del Diario de Palma, “los bandos beligerantes, que ya no son dos, se entregan al bárbaro deporte de la caza del hombre”. Ese hijo de Antonio Maura, del político conservador Antonio Marua, fue un republicano de primera hora y de centro-derecha. La palabra deporte en ese momento tenía una connotación diferente a la de hoy. En ese momento, el deporte conservaba todavía mucho de su sentido antiguo de recreo, diversión o pasatiempo. No significaba solo competición atlética, aunque el fútbol, el boxeo o el ciclismo estaban entonces en pleno auge en la prensa. Los deportes de masas que luego, precisamente, usurparían el concepto de deporte para enmascararlo de negocio asqueroso.
Ortega, el filósofo más internacional del momento, con su mirada abierta y vitalista, utilizó el término para un ensayo de 1924, El origen deportivo del estado. Allí el escritor disfrazado de filósofo (que es lo que fue Ortega) dice que hay dos clases de esfuerzo, el libre y creador, espontáneo, que hacemos por placer, y el que hacemos utilitariamente por obligación, por ejemplo, el trabajo. Para Ortega el genuinamente humano es el primero, incluso el Estado emana de ahí, de ese esfuerzo lujoso, no exento de riesgo, y libérrimo de los jóvenes.
Miguel Maura nos dice que la rana ya estaba muy cocida, que el marco de la violencia se había convertido en pasatiempo, que matar opositores era un acto recreativo más. Pero Miguel Maura, conservador incluso, se distancia y adjetiva ese deporte de “bárbaro”.
Cuando alguien conservador, apartado por no ser estridente, escriba o diga esto en algún lado, “la gente se ha entregado al bárbaro deporte de la caza del ser humano”, échate a temblar porque te falta medio golpe de rosca para ser definitivamente estofado en la olla.
Por eso no podemos repetir o hacernos eco de estos discursos sinracionales, porque estamos haciendo camino al andar, estamos roturando irremediablemente el camino hacia la violencia, hacia la guerra.
Viernes
Cuando el día 12 de octubre vi a los cachorros envueltos en banderas y blandiendo botes de gel, con una sintaxis tan mínima como pedernal, insultando y furiosos, pensé algo terrible, pensé que mejor ganara la ultraderecha y el trumpismo las elecciones, porque si no, el cultivo para la violencia podría estar servido. Es terrible pensarlo, pero lo pensé, aunque por las noches las sombras dan pábulo a cualquier idea pequeña. Por la mañana, con la luz peinándome los ojos, las cosas las veo menos oscuras pero igual de reales.
Deja una respuesta