
Jose Aurelio Martín
Lunes
A veces, cuando leemos una novela o vemos una serie, irrumpe un personaje secundario que te roba la mirada. Expertos en secundarios son Dickens y en España Galdós. Los dos, escritores realistas. Su acierto en estos personajes de acompañamiento de los protagonistas está fundado en el hecho de que en la vida todos somos secundarios.
Esa autenticidad del secundario suele contrastar con el heroísmo del protagonista. Un guerrero (Aquiles), un alocado (Don Quijote) o un idiota (El idiota, de Dovstoievsky). En cualquier caso el protagonista tiene una patología, porque la guerra, incluso la de Troya, es una patología, porque la guerra, aunque caigas del lado del bien, sigue siendo una patología.
Maricarmen era hasta hace poco una mujer anónima que ha irrumpido en el escenario social y nos ha robado la mirada. Nos ha fascinado su autenticidad, nos hemos condolido con su situación, nos hemos retorcido con la injusticia que contra ella se ha cometido. Es una secundaria de lujo y hemos visto en su fragilidad lo que de carroña significamos para los buitres.
Martes
El fondo buitre es el animal mitológico que ha excretado (cagado) el capitalismo. O este capitalismo de abismo que vivimos con su aliento cada vez más cerca, con su hocico mojado husmeando en nuestra ropa. El fondo buitre es una criatura sin cuerpo, pero que ocupa un vasto espacio bajo el cual eres solo carroña, carne podrida. Su negror, su frialdad ocupa una infinita bóveda entre el cielo y la tierra y planea sobre los cuerpos enfermos (frágiles) y acecha contra los ojos asustados de los cuerpos plenos que saben, o empiezan a anidar en su pecho, que ellos también pueden ser en cualquier momento carroña, carne podrida.
Entonces Maricarmen se te mete en el pecho y empiezas a ver con sus ojos cansados, porque Maricarmen eres tú, ya no es que podrías ser tú, no, ya es que eres tú, tú eres Maricarmen, eres carroña para cualquier fondo buitre y van a picotear en tus ojos y escarbar en tu hígado. El fondo buitre no conoce las palabras, ni posibles soluciones, los buitres solo saben desgarrar carne podrida y dejar una limpia (por pelada) calavera.
Todos somos Maricarmen.
No, tú eres Maricarmen. Tú solo. Tú, sola.
A veces los torpes novelistas fuerzan los personajes secundarios y nos lo meten hasta en la sopa, tal Ayuso, tal Sánchez. También, los novelistas de academia nos meten un personaje secundario envuelto de misterio, tal la anónima escritora que se ofreció a pagar los 2650 euros que le reclamaban los buitres a Maricarmen. Esa conocida escritora que prefiere no revelar su identidad no termina de funcionar como secundario, es un personaje que recomienda la técnica literaria, pero no tiene aura de misterio, por mucho que se esconda luminosamente en el anonimato. Sin embargo, su gesto noble, que no lo ha tenido nadie, ninguna profesión, ni siquiera la mía, la lleva al olimpo de la dignidad, si es que la dignidad admite jerarquías.
Miércoles
Hay en toda esta trama unos personajes que ni siquiera son secundarios, que no tienen nombre y que suelen pasar desapercibidos para los ojos de los lectores corrientes. El corriente es un lector que corre, que se desliza por las líneas como los gibones por las lianas en la selva. Yo soy un lector corriente cuando me entusiasma la lectura, y al leer detenidamente esta trama observo que la secundaria Maricarmen va a ir al hospital, va a ser cuidada por enfermeros, médicas y profesionales de los cuidados. Son personajes que pasan desapercibidos en una lectura corriente, pero cuya importancia, si fuéramos una sociedad en condiciones, no maleada por los buitres, les haría saltar al protagonismo de cualquier lectura social.
Al final es el Estado social el que de verdad acude al auxilio de ti, de mí, que somos Maricarmen. Ni la escritora anónima, ni yo mismo hubiéramos cogido en nuestros brazos a Maricarmen para meterla en casa el día aciago en que los buitres, y todo el aparato estatal, la sacaron de su nido, del hueco que cualquier ser humano busca abrirse en su tiempo de vida. Y esa es la paradoja, el mismo estado que te salva, también te manda a los gorilas a dar palos y a los escribas a levantar acta de una injusticia. Y uno no sabe a qué atenerse, a qué parte del estado anfibio, social y policial-legal, quedarse.
Jueves
Maricarmen no es, ojalá lo fuera, un personaje secundario. Maricarmen es una persona, a secas. Tiene 87 años, una discapacidad del 50%, lleva 70 años viviendo en un inmueble, al que llama su casa, de la que ayer la echaron, aunque técnicamente los medios de comunicación lo denomimen desahucio. Las múltiples posibles soluciones que se han ofrecido a Urbagestión, la empresa buitre que protagoniza el hecho, han sido rechazadas porque su claro objetivo era sacar al “bicho del nido”. Así es como nos imaginamos que hablan los agentes inmobiliarios, los aprendices de buitre que dicen: tengo un inmueble muy interesante en zona Retiro, pero tiene bicho. Porque los carroñeros no ven personas, no ven animales, ven bichos para desgarrar con el pico hasta convertirlos en un montón de huesos.
Los buitres solo ven carroña y tú, y yo, y él, somos ya bichos que en cualquier momento nos pueden sacar del agujero.
Viernes
Después de la tempestad del trabajo y el calor salvaje que se te pega a la nunca, uno necesita agujero, necesita grieta, necesita nido en el que apoyar la calma. Es muy sencillo, decía Maricarmen el otro día que un fondo (buitre) compra paredes, pero no puede comprar viviendas porque la vivienda la hace uno. La palabra “vivienda” tiene un origen curioso, es el neutro del gerundivo latino y se traduce como «las cosas con que se ha de vivir», es decir, lo necesario para la vida. Nunca un fondo podrá comprar vivienda, compra paredes porque la vivienda la infundimos los bichos que vivimos dentro, los seres cansados que, después de una larga jornada de trabajo, necesitamos descansar los huesos a resguardo del pico de los buitres y con la calma en que debiera consistir la vida cuando uno cierra la puerta de su casa, de su hogar.
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